El diseño arquitectónico barcelonés ha primado los componentes funcionales, artísticos y espectaculares por encima de otras consideraciones. Pero, ahora, puede ampliar su rumbo. Las nuevas generaciones de arquitectos incrementan el compromiso con la protección del medio ambiente y empiezan a idear casas que producen energía limpia. Y estos nuevos cimientos culturales sustentan el prototipo de casa solar (denominada FabLabhouse) que ha empezado a construirse en el Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya (IAAC). El diseño barcelonés debe estar al servicio de las nuevas preocupaciones, como son la crisis de la energía o el cambio climático, sugiere Vicente Guallart, director del IAAC.
La casa ha sido concebida para aprovechar todo el potencial de la energía solar, por lo cual la cubierta no es plana sino redondeada, para absorber la radiación a lo largo del recorrido del sol en cualquier latitud. Y, por eso, frente a los grandes paneles fotovoltaicos prefabricados de líneas rectas, las placas se van ensamblando una a una para adaptarse a la peculiar geometría.
La casa será autosuficiente energéticamente. Inicialmente, toda la producción eléctrica procederá de las placas fotovoltaicas; pero estará conectada a la red eléctrica exterior. Así, cuando haya exceso de electricidad se enviará a la red, y cuando ocasionalmente no tenga bastante energía almacenada, se tomará del exterior, según explica Jorge González, director de proyectos de Schneider Electric España.
Hasta ahora, las casas mediterráneas siempre son cubos, pero las formas redondeadas permiten un mejor aprovechamiento de la energía del sol, según esta novedosa propuesta, en la que ha participado Neil Gershefled, promotor de una red mundial (vinculada al MIT) especializada en fabricar objetos y edificios inteligentes a partir de técnicas digitales. De hecho, la casa propone en este sentido un nuevo sistema de construcción e industrialización.
Por eso, quiere ser perdurable. Su interior se inspira en los espacios domésticos de Japón, pero, al estar sustentada sobre tres patas, crea un espacio inferior para un porche fresco y ventilado. Sirve para cualquier latitud: está fabricada con madera (una materia prima renovable que en Catalunya sirve sobre todo para arder en los bosques cada verano); optimiza la orientación y la ventilación; y los aislamientos incluyen productos naturales. Guallart promete además que su coste será moderado (120.000 euros); aunque, antes de ser comercializada, participará en el concurso Decathlon 2010, que organiza la Administración de EE.UU. y el Gobierno en Madrid en junio. Es el concurso de la nueva arquitectura. Y esta mira al sol. (LA VANGUARDIA)
